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Durante un desayuno con egresados del Instituto Politécnico
Nacional, el Secretario de Gobernación Santiago Creel Miranda aseguró, Joaquín,
que el sistema político mexicano conspira para que no se den los acuerdos
políticos necesarios y propuso hacer la reforma del Estado.
Aseguró el señor Creel que una democracia sólo puede funcionar
de manera eficaz si es capaz de que sus integrantes tomen decisiones oportunas.
Y que las reglas actuales del sistema político mexicano no pueden darnos
mayorías estables.
Sin duda, Joaquín, que el señor Secretario de Gobernación tiene
toda la razón en sentirse frustrado porque el gobierno del Presidente Vicente
Fox no ha conseguido hasta ahora que el Congreso apruebe reformas que son
fundamentales para que el país avance.
Tiene razón cuando dice que no hay incentivos para construir
acuerdos. Quizá, como ha concluido el gobierno del Presidente Fox, uno de esos
incentivos sería la reelección de los legisladores, lo cual los obligaría a
responder a lo que quiere la gente, si quieren ser ratificados en sus puestos
mediante el voto.
Hay una cierta fragilidad en ese argumento, Joaquín, porque si los
legisladores van a hacer sólo lo que quieran sus representados, ¿quién asegura,
por ejemplo, que los electores van a estar a favor de que suban los impuestos,
por ejemplo el IVA?
Las decisiones
muy importantes que tienen que tomar los legisladores, Joaquín, casi siempre
son decisiones impopulares. Y con decisiones impopulares quizá no serían
reelegidos.
Pero también nos dice el señor Creel que si tuviéramos mayorías
estables todo sería posible.
Sólo que tendrían que aclararnos, Joaquín, que quieren decir con eso de
mayorías estables. ¿Quiere decirnos que sólo teniendo mayoría el partido del
gobierno se pueden aprobar las leyes que el mismo gobierno crea convenientes?
En ese plan, Joaquín, no entiendo, porque mayorías estables en el
Congreso las tuvo el PRI desde 1932 hasta 1997.
Si a esas mayorías estables se refiere el Secretario de
Gobernación, Joaquín, pues entonces, ¿cuál sería el cambio?
Sería un ejercicio de gatopardismo. O sea, que todo cambie, para
que todo siga igual.
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