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Como que a los mexicanos que vivimos en el siglo 21 no se nos
da eso de la reconciliación, Joaquín.
¿Cómo puede haber reconciliación, Joaquín, cuando el gobierno
del Presidente Fox está empeñado en juzgar ante lo que llama los crímenes de
pasado?
¿Cómo pueden hablar de reconciliación cuando por razones
político electorales están dispuestos a juzgar a una de las partes de aquella
contienda, de aquella rebelión armada de los años sesenta y de los años
setenta?
Porque se juzgarán los presuntos delitos
sólo de aquellos que desde los organismos del Estado combatieron a la
guerrilla. A los guerrilleros ya los amnistió López Portillo.
Se investigará, dijo Santiago Creel, al estilo del rancho,
caigare quien caigare, pero el secretario de gobernación se apoya en una
premisa falsa.
La premisa falsa de la que parte el señor Creel, Joaquín, es que
la represión de los años sesenta y setenta fue contra toda oposición. ¿Pues
dónde estaba el señor Creel en esos años, Joaquín?
Se persiguió, cierto implacablemente y en algunos casos con
inaceptable crueldad, es cierto, pero se persiguió a los que con las armas en
la mano intentaban tomar el poder, a los que secuestraron, a los que asaltaron
bancos. Y, claro, a los que asesinaron, como lo hicieron con don Eugenio Garza
Sada allá en Monterrey. Se persiguió a los ahora amnistiados.
Mientras, los chinos se ocupan de convertirse en potencia económica, no
pierden el tiempo en discutir lo que ocurrió en la Plaza de Tiananmen. La
transición española tuvo éxito porque decidieron olvidar la represión
franquista. El olvido, Joaquín.
Aquí no nos dejan olvidar. Unos por rencor, otros porque
investigar el pasado parece ser la única promesa de campaña que podrá cumplir
el régimen.
Pero nadie, absolutamente nadie, Joaquín, se preocupa por construir el
futuro.
Como la mujer de Lot, estamos convertidos en estatuas de sal.
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