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Ayer, durante la celebración del Día del Ejército, Joaquín, el
secretario de la defensa Ricardo Vega García habló de la urgencia de conciliar
y entender lo que es la Nación para no perderla.
Palabras duras, Joaquín, muy duras, porque el llamado es a todas
las fuerzas políticas, todas, incluidas las que están en el gobierno, para que
de una buena vez por todas se pongan de acuerdo.
Las palabras del
Secretario de la Defensa, Joaquín, tienen autoridad moral. Sin la lealtad
militar a las instituciones civiles, a las instituciones políticas
constitucionales, ni siquiera la transición democrática habría sido posible, no
habría ocurrido en un clima de estabilidad.
Vale la pena que el general Vega García nos lo haya recordado, porque
parece que el rencor empieza a ser utilizado otra vez como herramienta de la
política. Y el rencor lo utilizan todos, Joaquín, los políticos y los funcionarios.
Advirtió a quienes fomentan el rencor que los soldados de México no
ambicionan el poder político. ¡Nunca el poder político!, dijo el general Vega
García.
Fascinados con el discurso rencoroso de los tejedores de leyendas,
Joaquín, se nos olvida que los soldados de México no han cedido a la tentación
del poder político, ni aún cuando en otros países los militares se hicieron del
poder, con el apoyo de las potencias mundiales.
Nunca, insisto, Joaquín, nunca han cedido a la tentación del poder los
soldados de México.
Han defendido a las instituciones civiles, a las instituciones políticas
constitucionales de la Nación. Y muchos soldados han muerto en esa lucha,
Joaquín.
Es una vergüenza que el oportunismo político aliente el rencor y olvide
a esos soldados de México que han muerto en la defensa de las Instituciones.
Una vergüenza que los olviden hasta aquellos que, desde el poder
político, se aprovechan de la lealtad
de los soldados de México.
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