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La semana pasada, Joaquín, un personaje pronunció estas palabras:
“…Si queremos mantener nuestra competitividad, tenemos que revisar
nuestro sistema educativo… nuestro sistema educativo anda mal. Se hacen
exámenes a niños de cuarto año y tienen un buen nivel en matemáticas y
ciencias, un buen nivel internacional. Pero el nivel de preparación de esos
mismos niños se cae hasta el fondo de la escala cuando salen de secundaria.
Algo anda mal, muy mal en nuestro sistema educativo y si no hacemos las correcciones
ahora será más grande la brecha de la desigualdad en nuestra sociedad…”
Este juicio tan drástico fue hecho por el señor Alan Greenspan,
presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, en su comparecencia ante el
Senado norteamericano.
El señor Greenspan se refería al sistema educativo norteamericano, pero
su diagnóstico bien puede aplicarse al sistema educativo de México.
Todos coinciden en que los problemas de nuestro país, Joaquín, todos los
problemas de nuestro país tienen su eje en la educación.
Sin mejor educación, no se puede aspirar a la modernidad que a tantos
desvela, Joaquín.
Pero en el tema educativo, como en tantos otros, las discusiones siempre
derivan en disputas entre los grupos políticos, entre los partidos, entre los
empresarios y los sindicalistas, en fin, Joaquín, se discute todo, menos qué
hacer para mejorar la educación.
En esa comparecencia del señor Greenspan ante el Senado de Estados
Unidos, Joaquín, se discutió sobré como atender los problemas del desempleo y
de la desigualdad en Estados Unidos.
Se discutió sobre el futuro.
En México, discutir sobre cómo mejorar la educación, es discutir sobre
el país en que vivirán nuestros hijos y nuestros nietos.
Discutir en serio, sin rollos, Joaquín, sobre la educación es discutir
sobre el futuro.
Pero no, Joaquín, a nosotros en México nos fascina perder el tiempo
discutiendo sobre el pasado.
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