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Queramos o no, Joaquín, el caso del
asesinato de Luis Donaldo Colosio ha removido la memoria colectiva, ha
provocado declaraciones y ha hecho que muchos de los personajes de 1994 nos
cuenten lo que recuerden.
Recuerdos, como se dijo en este espacio, Joaquín,
recuerdos muy selectivos. Ya la memoria se acomodó a lo que les conviene. Sólo
eso recuerdan.
Se habla de la carta de Ernesto Zedillo a
Colosio, pero también de la nota que escribió Marcelo Ebrard a Carlos Salinas.
Sobre lo escrito en 1994, Joaquín, se puede
opinar y especular.
Pero nadie habla de lo que escribió Colosio.
Luis Donaldo Colosio, Joaquín, solía llevar
un diario, en cuyas páginas escribía las vivencias y reflexiones de todos los
días, incluidos los días de la campaña.
Cuando Miguel Montes se hizo cargo de la
investigación del asesinato de Colosio, pidió el diario. La señora Diana Laura
de Colosio se lo envió con Alfonso Durazo. En las oficinas de Miguel Montes se
fotocopió el diario. Una vez hechas las fotocopias, Alfonso Durazo se lo llevó
de nuevo a la señora Diana Laura.
Es lo último que se supo de ese diario,
Joaquín.
Y es curioso que nadie lo recuerde. Como es
curioso que nadie lo haya citado cuando se habla de lo que contiene el
expediente de la investigación.
Es posible que ese diario arrojara luz sobre
el famoso entorno político, sobre la relación de Colosio con el Presidente
Salinas, sobre su relación con Zedillo, sobre su relación con Manuel Camacho.
Es posible que el contenido de ese diario al
final de cuentas nos permitiría saber qué pensaba Colosio de sus colaboradores
y de sus adversarios.
Insisto, es curioso que nadie lo mencione,
ni siquiera los sucesivos fiscales que estuvieron a cargo de la investigación
del asesinato.
Quizá porque en realidad son muchos,
demasiados a quienes no les gustaría que se divulgara lo qué realmente pensaba
de ellos Luis Donaldo Colosio.
Y entre esos estarían no sólo los que fueron
adversarios de Colosio, sino también algunos que fueron sus amigos.
¿Dónde
quedaría el diario de Colosio, Joaquín?
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