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Uno entiende, Joaquín, el dolorido discurso de don Luis Colosio, el
padre de Luis Donaldo Colosio, al exigir el esclarecimiento del asesinato de su
hijo.
Desde hoy hasta
el 23 de marzo próximo, Joaquín, el tema servirá para que muchos unan sus voces
a la de don Luis Colosio.
Ayer decía don Luis Colosio que el entorno político propició el crimen.
Es posible, Joaquín, pero, ¿cómo saberlo?
¿Quiénes de los actores políticos de hace 10 años nos dirán su verdadero
rol en ese entorno político?
Ninguno, Joaquín, porque muchos tienen algún sentimiento de
culpa, y acomodan los recuerdos a su conveniencia. Lo que nos digan siempre
llevará una carga de auto justificación.
Como en aquel asesinato contra John F. Kennedy, en el caso Colosio el
asesino fue detenido. Con la diferencia que a Lee Harvey Oswald lo mataron,
pero Mario Aburto está vivo y en la cárcel.
Muchos quisieran identificar a los posibles autores intelectuales del
asesinato de Lomas Taurinas. Sin evidencias, sin pruebas, eso lo único que hace
es alimentar la especulación, Joaquín.
Ya cada quien tiene su propia teoría. Cada quien le ha puesto nombres y
apellidos a los autores intelectuales, pero como nadie tiene pruebas, sólo se
tejen leyendas.
A 10 años de distancia, sabríamos la verdad si Mario Aburto tuviera un
arrebato de arrepentimiento y se decidiera a decir su verdad. Eso, Joaquín, es
muy difícil. Entonces, es casi imposible solucionar el crimen, y si se
consiguiera, nadie lo creería, porque cada quien tiene ya su propia teoría.
Insisto, Joaquín, uno entiende el dolor de don Luis Colosio, pero quizá
los mexicanos deberíamos aceptar que ya jamás sabremos todo lo que quisiéramos
acerca del crimen contra Luis Donaldo Colosio.
Y cumplir con la recomendación bíblica: dejad que los muertos entierren
a los muertos.
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