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No hace mucho tiempo, Joaquín, que Alejandro Zapata Perogordo,
miembro del CEN del PAN, se quejó de la actitud hostil de la prensa hacia su
partido.
A veces, Joaquín, para algunos miembros del CEN es difícil entender que
el papel de los reporteros es precisamente hacer las preguntas incómodas, pues
dejarían de cumplir su tarea si sólo abordaran en las conferencias de prensas
los temas que fueran del gusto de los funcionarios partidistas de Acción
Nacional.
Existe, sin embargo, un malestar entre los reporteros que cubren la
fuente del Partido Acción Nacional, pues con frecuencia es muy grosero el trato
que reciben de los encargados de manejar los asuntos de prensa.
No es un asunto nuevo, Joaquín, pero ocurre que, como suele ocurrir en
la vida del México real, los reporteros, la infantería del periodismo, los
reporteros que tantas veces dan a los que no tienen voz, se quedan sin
posibilidades de hacer saber los incidentes groseros que tienen que padecer en
el desempeño de su labor.
Ya sabes, Joaquín, prevalece aquello de que al público no le interesa
conocer las dificultades que haya tenido un reportero para conseguir la
información. Al público sólo le interesa conocer esa información.
Seguramente sin conocimiento de Zapata Perogordo, y sin conocimiento de
Luis Felipe Bravo Mena, se ha convertido la sala de prensa del Partido Acción
Nacional en un sitio donde muchos reporteros son el blanco de muchas groserías.
Las salas de prensa, Joaquín, como bien lo sabes, son el sitio donde los
partidos suelen ofrecer facilidades a los reporteros para el desempeño de sus
tareas. No es una obligación, es cierto, pero se hace porque allí, en las salas
de prensa, los equipos de comunicación de los partidos, o de las dependencias
gubernamentales, hacen también las relaciones públicas.
En el PAN, tristemente, se hacen pocas relaciones públicas. Pues quienes
deberían hacerlas son casi siempre un valladar para los reporteros.
Y luego se quejan.
Quizá se deba a la arquitectura misma del edificio que es la sede del
PAN. Un edificio que parece un búnker, donde los funcionarios del partido son
inaccesibles para los reporteros.
Recién inaugurado
el edificio del PAN, Joaquín, Carlos Castillo Peraza comentó con Luis Felipe
Bravo Mena acerca de la impresión que le daba el flamante edificio. Le dijo:
“A ver si no se convierte en el mausoleo del partido.”
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