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Dice el procurador Rafael Macedo de la Concha que la oleada de
violencia de las últimas semanas, representada por enfrentamientos a tiros y
ejecuciones, es el resultado de la captura de muchos jefes del narcotráfico,
pues la violencia es reflejo de la guerra entre narcotraficantes para quedarse
con el negocio.
Es posible, Joaquín, que tenga razón el Procurador.
Pero la violencia empieza a mostrar creciente descaro de los
narcotraficantes para dirimir sus diferencias.
Con gran
impunidad, Joaquín, se matan entre sí, sin que nunca sean detenidos los
ejecutores de las sentencias de muerte.
Eso es lo preocupante, Joaquín, que se asesina con la seguridad de que
nunca serán castigados por sus crímenes.
Con la misma impunidad se enfrentan a tiros con las fuerzas policíacas,
en verdaderos combates de los que siempre salen perdedores los policías, como
el ocurrido hace unos días en Anáhuac, Nuevo León, donde los muertos los
pusieron los policías, ya que los criminales están mejor armados y mejor
entrenados.
Tan bien entrenados que en una operación casi militar sacaron de la
cárcel a varios sicarios del narcotráfico de una prisión en Michoacán.
Se dice que hubo complicidad de los guardias de la prisión, pero nadie
puede asegurar que así como actuaron contra una cárcel de Michoacán pronto
podrían actuar contra alguno de los penales de alta seguridad, donde están
recluidos tantos capos y criminales secuestradores.
Con descaro se pasean por las calles de muchas de las ciudades de la
República. Saben que cuentan con protección de muchos malos policías. Y la
pagan bien.
Jorge Carpizo pedía hace 10 años hacer algo drástico contra el
narcotráfico, para evitar que viviéramos un ambiente tan violento como en
Colombia.
No se ha hecho nada drástico. Y quizá nunca se hará, Joaquín.
No se puede actuar fuera de la ley, como en el pasado, alegan políticos
y funcionarios.
Es posible que algo drástico sería cambiar el marco legal, disponer de
instrumentos legales verdaderamente enérgicos, implacables, para contener la
violencia criminal.
Porque nadie quiere ser acusado dentro de pocos años de violar derechos.
Mientras,
la violencia sigue, Joaquín.
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