Comentario 15/Ene/04

José FonsecaCon el CaféEn la RadioEl ForoNovedades


 


 

 Comentario de José Fonseca

 

Programa de López Dóriga en Radio Fórmula

 

 

15 de Enero de 2004

     Los sucesos ocurridos en Tlalnepantla, Morelos, donde el desalojo de quienes habían tomado el palacio municipal ha costado dos vidas, es como un viaje al pasado.

     Hubo elecciones, pero a pesar de que todas las instancias jurídicas, incluyendo el tribunal federal electoral, ratificaron la validez de las elecciones, un grupo, al parecer afín al PRD, se negó a reconocer los resultados y tomó el palacio municipal desde el 1 de noviembre para impedir que el candidato triunfador tomara posesión.

     Hubo pláticas, pero el grupo opositor decidió fundar un municipio autónomo.

     La acción policíaca tendría que ser evaluada, para decidir, Joaquín, si hubo abusos o no.

     Una tragedia que haya habido dos muertos, dos muertos en aras de una pugna de intereses políticos, Joaquín. Se suponía que esos tiempos ya estaban superados.

      La actuación de los grupos opositores, Joaquín, sigue un patrón ya conocido. Se inconforman cuando pierden la elección y toman el palacio municipal. Luego se declaran municipio independiente, autónomo.

      Es un patrón de conducta familiar, un patrón de conducta que parece seguir un guión.

      Pero, Joaquín, es una conducta que no debería ser avalada por ningún partido político. La voluntad de la mayoría se expresa en las urnas. Y si alguien gana por un solo voto, pues ése es el elegido.

      Hay gente que no lo quiere aceptar, como lo demuestra el comportamiento de algunos legisladores perredistas que han estado vinculados al movimiento violento de Tlalnepantla, Morelos.

      Y es cuando uno se pregunta, Joaquín: ¿quiénes son los verdaderos responsables de las muertes en Tlalnepantla, Morelos?

      Creo, Joaquín, que como en Fuente ovejuna, todos, Joaquín, todos los protagonistas.

      Es culpable el gobierno de Morelos por su falta de eficacia para encontrar una salida política al conflicto.

     Son culpables los dirigentes locales y los legisladores perredistas que alentaron la violencia y azuzaron a la población.

      Y somos culpables todos los que rechazamos la violencia del Estado, pero apapachamos toda violencia que se ejerza para oponerse al gobierno.

     Y lo peor, todavía nos decimos democráticos.

 

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