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Todo indica Joaquín, que George Bush no tendrá la enchilada completa en
Monterrey. No obtendrá el consenso para todas sus propuestas.
Pero mientras en Monterrey se discute y debate, surgen otras noticias
preocupantes.
En Estados
Unidos anunciaron que la deuda de los norteamericanos suma ya dos billones de
dólares.
Creen que las deudas de los estadounidenses podrían ser como la burbuja
de Wall Street que reventó en la década de los noventa.
Dicen que no se puede ser el país más rico del mundo y tener a todos los
ciudadanos endeudados hasta el cuello, según un experto citado por el New York
Times.
¿Cómo nos afecta? Pues, Joaquín, que de pronto Estados Unidos puede
tener otra recesión económica.
Eso haría más difícil que les vendamos algo. Y eso haría más urgente que
empecemos a intentar poner en marcha la economía mexicana, mediante la
reactivación del mercado interno.
Y haría más urgente una reforma fiscal, una reforma fiscal que permita
al gobierno tener más dinero.
Faltan tres semanas para que empiecen los trabajos de la Convención
Nacional Hacendaria, durante la cual Francisco Gil Díaz intentará promover la
reforma fiscal.
Bien harían los gobernadores en escucharlo.
Y bien harían los partidos en evaluar otra vez sus posiciones sobre la reforma
fiscal, pues sería una forma de protegernos de una eventual recesión en Estados
Unidos.
Creo, Joaquín, que estamos a tiempo de
hacerlo.
Y no se trata de decidir a partir de
encuestas, porque no hay encuesta en el mundo en la que los ciudadanos opinen
que sí están dispuestos a pagar más impuestos, por eso se llaman impuestos, hay
que imponerlos.
Todo lo demás, Joaquín, es demagogia.
Ojalá y se decidan a aprobar la reforma
fiscal, Joaquín, porque como están las cosas en Estados Unidos, no vayamos a
lamentarnos luego de que vino el remolino y nos "alevantó".
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