Comentario 12/Ene/04

José FonsecaCon el CaféEn la RadioEl ForoNovedades


 


 

 Comentario de José Fonseca

 

Programa de López Dóriga en Radio Fórmula

 

 

12 de Enero de 2004

     Hoy empezó la Cumbre de las Américas, Joaquín, a la que llega el gobierno del Presidente Fox con grandes expectativas.

    Las expectativas se refieren, obviamente, a la reparación del daño sufrido por las relaciones entre México y Estados Unidos por el caso de Irak.

     En su edición de esta mañana, el Washington Post es contundente. Hace tres años cuando se efectuó la entrevista entre Vicente Fox y George Bush en el rancho de San Cristóbal, Bush necesitada de Fox. Ahora, dice el diario de la capital norteamericana, es Fox el que necesita de Bush.

     Ojalá y eso no fuera cierto, Joaquín.

     Pero el Presidente Fox ya no es la estrella ascendente, el mandatario de moda por haber destronado al PRI. Ese sitio, por ahora, parece ocuparlo el brasileño Lula da Silva.

     Y es precisamente Lula da Silva el que encabeza la resistencia a las propuestas que lleva Estados Unidos a la Cumbre de las Américas.

     El Presidente Fox, urgido de convencer a todos de que ya no existen diferencias con Estados Unidos, seguramente apoyará a Estados Unidos en las discusiones.

     El saldo al terminar la cumbre de Monterrey, joaquín, puede ser que el gobierno mexicano se gane la buena voluntad de la Casa Blanca, pero también que ocurra un alejamiento del resto de las naciones del Continente.

     ¿Qué ganaría México? Quizá solamente el acuerdo de trabajadores temporales.

     Es poco, Joaquín, es cierto, pero es algo.

     Y si conseguir ese acuerdo migratorio parcial es el costo del apoyo a Estados Unidos en la cumbre de Monterrey, como se dijo en este tu espacio hace unos días, Joaquín, es posible que todo haya valido la pena.

    Porque aunque todo se haga apoyados en aquello de que París bien vale una misa, el costo de esa misa puede ser que México se aísle del resto del Continente y que Brasil y su Presidente Lula da Silva ganen el liderazgo de Latinoamérica.

     Porque entonces ellos, Brasil y Lula da Silva, serían las auténticas voces de Latinoamérica.

    Y México sería irrelevante.

 

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