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Hoy empezó la Cumbre de las Américas, Joaquín, a la que llega el
gobierno del Presidente Fox con grandes expectativas.
Las expectativas se refieren, obviamente, a la reparación del
daño sufrido por las relaciones entre México y Estados Unidos por el caso de
Irak.
En su edición de esta mañana, el Washington Post es contundente. Hace
tres años cuando se efectuó la entrevista entre Vicente Fox y George Bush en el
rancho de San Cristóbal, Bush necesitada de Fox. Ahora, dice el diario de la
capital norteamericana, es Fox el que necesita de Bush.
Ojalá y eso no fuera cierto, Joaquín.
Pero el Presidente Fox ya no es la estrella ascendente, el mandatario de
moda por haber destronado al PRI. Ese sitio, por ahora, parece ocuparlo el
brasileño Lula da Silva.
Y es precisamente Lula da Silva el que encabeza la resistencia a las
propuestas que lleva Estados Unidos a la Cumbre de las Américas.
El Presidente Fox, urgido de convencer a todos de que ya no existen
diferencias con Estados Unidos, seguramente apoyará a Estados Unidos en las
discusiones.
El saldo al terminar la cumbre de Monterrey, joaquín, puede ser que el
gobierno mexicano se gane la buena voluntad de la Casa Blanca, pero también que
ocurra un alejamiento del resto de las naciones del Continente.
¿Qué ganaría México? Quizá solamente el acuerdo de trabajadores
temporales.
Es poco, Joaquín, es cierto, pero es algo.
Y si conseguir
ese acuerdo migratorio parcial es el costo del apoyo a Estados Unidos en la
cumbre de Monterrey, como se dijo en este tu espacio hace unos días, Joaquín,
es posible que todo haya valido la pena.
Porque aunque todo se haga apoyados en aquello de que París bien
vale una misa, el costo de esa misa puede ser que México se aísle del resto del
Continente y que Brasil y su Presidente Lula da Silva ganen el liderazgo de
Latinoamérica.
Porque entonces ellos, Brasil y Lula da Silva, serían las auténticas
voces de Latinoamérica.
Y México sería irrelevante.
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