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De pronto parece que todos los actores políticos tienen interés en
cabildear ante el Congreso norteamericano para que sea aprobada la propuesta
migratoria de George Bush.
Es insuficiente, pero es algo. Vamos por más, ha dicho el Presidente
Fox.
Es posible que el entusiasmo sea exagerado, Joaquín.
Y digo que es exagerado porque la tenaz búsqueda de un acuerdo
migratorio, impulsado con tanto entusiasmo por el excanciller Jorge Castañeda,
al final de cuentas, Joaquín, parece sólo una especie de resignación.
En los últimos diez o doce años, Joaquín, casi el 10 por ciento de
nuestra población se ha ido a Estados Unidos.
Unos hablan de seis millones de indocumentados y quizá otros tanto de
legales.
Y luego viene la
vergonzosa estadística de que cuando menos un tercio de los hogares de México
se sostiene con las remesas de dinero de los migrantes.
A eso nos hemos resignado, Joaquín.
Nos resignamos a que no podemos hacer nada para aliviar la situación en
las regiones más pobres de México y no hay forma de retenerlos.
Nos hemos resignado a que no seremos capaces de crear en México los
empleos que impidan que los mexicanos emigren a Estados Unidos.
Nos hemos resignado a que no somos capaces de conseguir acuerdos
comerciales que corrijan las deficiencias del TLC que tanto han perjudicado a
México.
Por eso demandamos un acuerdo migratorio, Joaquín, ya como política de
Estado, como política de todos los partidos, de todos los sectores de la
sociedad.
Simplonamente cubrimos de elogios a los héroes que dejan en México sus
familias, a los héroes que se desarraigan y sufren vejaciones para sobrevivir
en Estados Unidos.
Y digo que simplonamente, Joaquín, porque debería darnos vergüenza no
sólo que tantos mexicanos tengan que dejar su patria.
Ahora debería darnos vergüenza que tengan tantos mexicanos que depender
de lo que sus familiares les envían de Estados Unidos.
Porque, Joaquín, la migración es una vergüenza.
Un monumento a la incapacidad de nuestras élites políticas, de nuestras
élites empresariales, de nuestras élites académicas, de toda nuestra sociedad.
Un vergonzoso monumento a nuestro fracaso como sociedad.
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