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En 1995, cuando México estaba sumido en una grave crisis económica,
quizá la peor de todas, un grupo de obispos católicos acudió a Los Pinos.
Se quejaron con el Presidente Zedillo de la dureza de las medidas
económicas ideadas por su gobierno para combatir la crisis.
El Presidente Zedillo les respondió:
“Es posible que tengan razón en algunos de sus planteamientos, Pero hay
una diferencia entre lo que hacen ustedes y lo que yo hago”.
“Ustedes, les dijo, por razón de su ministerio tienen que trabajar desde
la perspectiva de lo espiritual, de lo ideal, yo, por el contrario, yo tengo
que operar sólo con realidades.”
Esta historia viene al caso, Joaquín, porque ayer se quejó el Presidente
Fox ante las enfermeras de que no hay más dinero para salud porque, según sus
palabras, fuimos al Congreso por lana y salimos trasquilados. Y esta mañana al
inaugurar el ciclo escolar, el Presidente se quejó de nuevo, al decir que si el
Congreso hubiera aprobado su reforma fiscal, tendría dinero para mejorar la
calidad de la educación.
Así, Joaquín, el Presidente Fox empieza el año con una campaña, campaña
que tiene como objetivo responsabilizar al Congreso de lo que su gobierno deje
de hacer este año.
Es cierto, Joaquín, el Congreso es responsable por el rechazo de la
reforma fiscal que propuso el Presidente. Pero eso ocurrió en diciembre de
2003. Ahora hay que ver hacia adelante.
Los hubiera de la reforma fiscal no sirven de nada, sirven para salvar
la imagen presidencial, pero eso no
cambiará la realidad.
Y la tarea del Presidente Fox es precisamente trabajar con realidades.
Porque cuando no se trabaja en la realidad, Joaquín, puede
ocurrir aquello que sirvió de título para un libro de Jorge Castañeda:
Sorpresas te da la vida
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