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Que el año próximo sea el mejor,
para ti, para tu familia, y para el equipo del noticiero y de radio fórmula.
Arranca el año, Joaquín, y en medio del intercambio de buenos deseos
para 2004, también hay un intercambio de quejas, reclamaciones y pocas explicaciones
por las medidas de seguridad adoptadas en el aeropuerto de la ciudad de México.
Desde Londres llega la noticia de que había informaciones de
inteligencia que auguraban posibles atentados con aviones, como el 11 de
septiembre de 2001, pero ahora con aviones procedentes de Europa o de México.
Pues será, Joaquín, pero las medidas de seguridad en México han sido
consideradas excesivas por muchos. Y se ha llegado a decir que son violatorias
de la soberanía nacional, por la presencia de observadores norteamericanos en
el Aeropuerto de la capital de la República.
No le falta razón a los quejosos, Joaquín, porque los períodos de espera
en el Aeropuerto van más allá de lo razonable, aún con revisiones muy
estrictas.
Es posible, Joaquín, que se trate de que no se capacitó lo suficiente al
personal encargado de las revisiones. Unas horas de plática y ya. Y al grito de
echando a perder se aprende ni el apoyo de los inspectores norteamericanos ha
impedido el caos que hay en el aeropuerto de la ciudad de México.
No es cierto que el acuerdo de seguridad firmado por Santiago Creel con
Colin Powell fue aprobado por el Senado. Es un acuerdo, no un tratado, y por lo
tanto, Joaquín, no necesita la aprobación del Senado.
El relajo armado por la impreparación de los inspectores mexicanos,
nerviosos por la supervisión extranjera, lo que sí provoca es que las
revisiones empiecen a ser absurdas, pero también existe la posibilidad de que
se violen garantías individuales, garantías que están garantizadas en la Constitución.
Y en el gobierno parecen estar hechos bolas.
Para
variar, Joaquín, para variar.
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