Andrés Manuel López Obrador se mantiene como el
puntero, pero el impulso de las primeras tres semanas de campaña, según la
encuesta GEA-ISA, ha casi difuminado dicha ventaja.
Aunque al principio ofreció promover el desarrollo
social en una economía de mercado, su discurso ha oscilado entre antiguas
promesas –parte de su discurso de jefe de gobierno del DF-, y crecientes
provocaciones a sus adversarios.
Es evidente que su estrategia de comunicación no se ha
desplegado aún. Aún falta ajustar al equipo de campaña.
Y falta encontrar el discurso que mantenga a quienes
ahora lo favorecen y conquiste votos entre los sin partido, la clave del
triunfo.
La imagen creada por sus adversarios le ha forzado a
buscar el acercamiento con sectores muy ajenos al PRD, pero sin cuyo apoyo no
puede aspirar a ganar.
Como puntero desde hace mucho tiempo, López Obrador
está más obligado a evitar errores.
Ya no hay espacio para cometerlos. O para tolerarlos.
Es temprano para juzgar la eficacia de sus discursos,
pero sobresale el hecho de que, igual que sus competidores, no ha encontrado un
mensaje central que sea eficaz, tan eficaz como lo fue el lema de campaña de
Fox.
FELIPE
CALDERÓN
Ha arrancado su campaña con muchos altibajos. Fue un
error empezarla con desayuno en Iztapalapa. Como primer acto de campaña fue un
fracaso.
Tiene que evitar repetir el error de Carlos Castillo
Peraza, su mentor, quien como candidato a jefe de gobierno del DF acudió a
hacer campaña a sectores de la ciudad donde nunca han votado por el PAN.
Tiene la enorme dificultad, el pesado lastre del
escándalo de los hijos de la señora Marta Sahagún, del cual ha intentado
desvincularse, a pesar de que desde el CEN del PAN le sabotean su estrategia.
Asediados como están en Los Pinos por el escándalo, la
campaña publicitaria del Presidente Fox se desdibuja por los esfuerzos
presidenciales por defender a sus hijastros.
Calderón aún no encuentra la forma de mantener una
sana distancia del régimen del Presidente Fox porque, pese a todo, hay aciertos
que tiene que capitalizar.
Cuando encuentre el justo equilibrio podrá marchar con
más fortaleza.
Como sus adversarios, no encuentra todavía el discurso
que sea el mensaje central de su campaña, no encuentra aquel lapidario y
eficaz: “vamos a sacar al PRI de Los Pinos” de Vicente Fox.
ROBERTO
MADRAZO
Es, sin duda, el candidato sometido al más riguroso –y
despiadado- escrutinio, por las dificultades para reconciliarse con viejos y
nuevos adversarios, y para ganar nuevos adeptos.
Su equipo no está cohesionado aún, han sido evidentes
las fallas de que no funciona la división de trabajo, o que no la hay.
La decisión del Tribunal Federal Electoral que obliga
al PRI a que sea el Consejo Político Nacional quien elija a los candidatos a
diputados y senadores le favorece, después de todo, pues quizá así deje de
portarse Madrazo como si fuera no el candidato, sino el líder absoluto del
partido, como alguna vez lo fueran los Presidentes de la República.
Además de su Némesis Elba Esther Gordillo, tendrá que
enfrentar a los gobernadores priístas, convertidos en nuevos señores feudales,
gracias a la laxitud del manejo político del Presidente Fox que los ha dejado
ser y hacer.
Quizá tenga que depender, más que nadie, de la
operación eficaz de los políticos locales.
A pesar de los errores y, sobre todo, de su evidente
problema de imagen, agravado por la hostilidad del subyacente antipriísmo en
los medios y entre muchos comunicadores, hay un mensaje que ya transmitió, en
torno al cual podría girar su campaña: “para no volvernos a equivocar”.