Consciente de que la estabilidad ha fortalecido a las
clases medias –que sí votan-, aunque empezó su campaña en el municipio más
pobre de la República, Metlatónoc, Guerrero, López Obrador empleó su primer
discurso de campaña para delinear su estrategia económica: promover el
desarrollo social, pero con una economía de mercado.
Es una estrategia inteligente, porque desde el
principio desmiente las acusaciones de “estatista”, a la vez que apela a un
sector donde muchos lo ven con desconfianza.
Pero no puede llevar la campaña con una estrategia
puramente defensiva. Eso funcionó en la jefatura de gobierno. En la elección
presidencial podría ser un error.
Durante los primeros cuatro días de campaña ha
reiterado algunos de los cincuenta compromisos, para fijarlos en la mente de
los ciudadanos.
Como todos los otros candidatos, su estrategia de
comunicación aún no se ha desplegado a plenitud.
Sin embargo, en
estos primeros cuatro días se han percibido desaciertos de su equipo de
campaña, pero es muy pronto para juzgar su eficacia.
Quizá, como
ningún otro, es López Obrador el candidato presidencial que no puede darse el
lujo de cometer errores.
FELIPE
CALDERÓN
Uno de sus primeros actos de campaña fue un evidente
error: el desayuno en Iztapalapa. No puede olvidar que el error de su mentor
Carlos Castillo Peraza, cuando fue candidato a la jefatura de gobierno del DF,
consistió en buscar votos en zonas de la ciudad dónde nunca los tendría.
Tiene que buscar votos más allá del panismo, pero en
ciertas zonas debe dejarle la tarea a su equipo de campaña. No desperdiciar
esfuerzos.
Igual que sus adversarios, ha empezado con visitas a
zonas que, salvo Iztapalapa, le son favorables.
Es el candidato más comprometido a responder a las
quejas que ya empezaron a presentarle, porque su partido está en el gobierno,
aunque sea nominalmente.
No ha conseguido equilibrar su discurso aún, para
capitalizar los aciertos de Fox y ser crítico de las omisiones.
Y habrá de probar su temple para ignorar las
provocaciones y manejarse con ecuanimidad.
Su equipo, incluido el CEN del PAN, todavía no aprende
que el juego de la política electoral es como un juego de béisbol, en el cual
el bateador deja pasar ciertas pelotas. Y no uno de tenis, en el cual hay que
devolverlas todas.
Su principal dificultad será, sin duda, mantener la
distancia adecuada del actual Ejecutivo.
Y, como sus adversarios, encontrar el mensaje. No
basta el de “tengo las manos limpias”, porque también se tienen limpias cuando
nada se ha hecho.
ROBERTO
MADRAZO
Es el candidato que será sometido al más riguroso –y
despiadado- escrutinio, debido a las dificultades para reconciliarse con viejos
y nuevos adversarios y ganar nuevos adeptos.
Su equipo aún no está plenamente integrado, menos
fuertemente cohesionado. No hay facultades y funciones bien definidas.
Días antes de empezar la campaña tuvo un tropiezo: el
Tribunal Federal Electoral obliga al CEN del PRI a someter al Consejo Político
Nacional en pleno la selección de candidatos a senadores y diputados.
En realidad el Tribunal le hizo un favor, porque
tendrá Madrazo que dejar de comportarse como se comportaba el Presidente de la
República, quién manejaba y manipulaba al partido.
Quizá tenga que aceptar una realidad: los gobernadores
son los nuevos señores feudales, gracias a la laxitud del manejo político del
Presidente Fox que los ha dejado ser.
Y con ellos deberá negociar las candidaturas, lo cual
quizá le daría más garantías de operación política local eficiente.
Como sea, a pesar de las críticas, su arranque no ha
sido mal, al menos no ha sido peor que el de sus adversarios.
Y, curiosamente, Madrazo, el candidato con problemas
de imagen y obligado a pelear dentro y fuera de su partido, parece haber
encontrado un mensaje que bien explotado puede ayudarle: