Hace seis años, el cambio de gobierno -el cambio de
guardia en Los Pinos- fue ordenado, terso, sin estridencias ni impugnaciones.
Recibió el Presidente Fox una nación con finanzas
estabilizadas, no hubo turbulencia económica sexenal.
Sobre todo, recibió Fox una nación unida, con muchos
de los problemas actuales, pero con el ánimo y la esperanza de resolverlos
paulatinamente.
Ahora, por las razones que sean, Fox entregará una
nación dividida, llena de encono, y sin que ninguna de las fuerzas políticas
parezca dispuesta a ceder ante los adversarios.
No todo, claro, es culpa de Fox. Comparten la
responsabilidad las fuerzas políticas que optaron por practicar la despiadada
política del poder, en hacer de la confrontación una regla.
Como alguien comentó hace poco: llegó la democracia, y
descubrimos que entre las fuerzas políticas no había demócratas.
El eventual escenario de que, como el pasado viernes,
los legisladores perredistas tomen la tribuna del Congreso el próximo uno de
diciembre, y bloqueen así la toma de posesión de Calderón, es la mejor prueba
de que, para la mayoría de los líderes de las fuerzas políticas nacionales, la
democracia es sólo una palabra.
ANDRÉS
MANUEL LÓPEZ OBRADOR
Se ha dicho en este espacio que las movilizaciones de
López Obrador y las estridencias del PRD y sus legisladores corresponden a la
necesidad de mantenerse como figura prominente en el escenario nacional.
Pero antiguos aliados ya titubean. Los participantes
de la movilización en el DF están exhaustos. Lo sabe López Obrador y las
movilizaciones tendrán otra variante: la convención nacional democrática, con
lo cual intentará darle un cierto carácter descentralizado.
No obstante, no puede descartarse que siga, al menos
durante el período de transición, marcando la agenda.
Ha empezado a recular en algunas de las más
extremistas de sus posiciones. El discurso de su presunta legitimidad no
cambia, pero sabe que se empieza a volverse monótono.
Su gran reto es mantener junto a sí al perredismo,
pues el partido que se ostenta como el representante de la izquierda mexicana
no estará muy dispuesto a perder lo ganado por la vía electoral.
Por ahora, se han inventado la coartada de que el PRD
se mantendrá en las movilizaciones y en la vía institucional en el Congreso.
La realidad puede imponerse y obligarlos a un
alejamiento en los hechos, aunque no en el discurso.
Y López Obrador sabe que eso podría convertirlo en un
personaje prominente, pero políticamente irrelevante, en el mediano plazo.
FELIPE
CALDERÓN HINOJOSA
Seguramente en los próximos dos días será ratificado
como Presidente Electo por el Tribunal Federal Electoral.
Sus asesores apuestan a que, en los próximos tres
meses, el movimiento de López Obrador se desgastará y no se atreverán a tomar
la tribuna del Congreso para impedir la toma de posesión del Presidente Electo.
Es una riesgosa apuesta.
En poco ayudan los coordinadores panistas -Santiago
Creel y Héctor Larios-, quienes hasta ahora no han mostrado el talento
negociador que exigiría dialogar con los legisladores perredistas para que no
haya obstáculos para la toma de posesión.
Este mes lo destina el Congreso a designar y asignar
las comisiones.
Es una excelente oportunidad para que el panismo le
reconozca al PRD su calidad de segunda fuerza política.
Pero tiene el reto de conseguir que el PAN responda a
los intereses del gobierno que encabezará.
Tienen que hablar con una sola voz.
Ya en la semana que va a empezar, Felipe Calderón
podrá hablar con la autoridad de Presidente Electo.Y, sin perder de vista la
política del poder, deberá mostrarse ya no sólo como jefe natural de un
partido, sino como el próximo titular del Ejecutivo.
Y contrastar su discurso, su quehacer, con el discurso
y quehacer rijosos del Presidente Fox.
Ha llegado la hora de desvincularse.
Entre más pronto, mejor, antes que sea tarde.
Y no perder de vista que tendrá que legitimarse
gobernando.
Y, por lo pronto, con la designación de un gabinete
capaz, profesional, respetable y respetado.