Faltan poco más de dos semanas para que el Tribunal
Federal Electoral dé su fallo definitivo y terminal sobre las elecciones
presidenciales del pasado 2 de julio.
Cuanto se conozca el fallo, lo más probable es que,
desde la perspectiva jurídica y constitucional, sea resuelto el conflicto
postelectoral.
Pero, a la vez, aumentará la intensidad del conflicto.
Y sin tapujos se convertirá en una confrontación que
puede ser encarnizada, si ninguna de las partes del conflicto intenta siquiera
tender algunos puentes de diálogo.
Es cierto, la violencia verbal más estridente ha
estado a cargo de la Coalición por el Bien de Todos, pero no ha sido menos
violenta la reacción de sus adversarios, aunque matizadas con apelaciones a la
responsabilidad política.
Pero no conseguirá la coalición mantener la
credibilidad de la mayoría si después del 6 de septiembre persiste en actuar
por la vía extra legal.
Porque no puede olvidar la coalición que contra ellos
votó el 65 por ciento de los mexicanos que acudieron a sufragar el 2 de julio.
Luego, su representación política, si bien muy
importante, representa a sólo un tercio de la población.
El problema central es que, en el fondo, la ambición
parece conducir al país a un peligroso rompimiento del orden legal y
constitucional.
Y tales rompimientos nunca terminan bien, nunca.
ANDRÉS
MANUEL LÓPEZ OBRADOR
Si, como todo indica, antes del 6 de septiembre será
declarado Presidente Electo Felipe Calderón, de la reacción de López Obrador
dependerá en buena parte la tranquilidad de la República.
En este espacio se ha defendido el derecho a
protestar, a reclamar, y a hacerlo públicamente, que tienen López Obrador y la
coalición.
Sin embargo, el discurso actual parece encaminarse a
fomentar un rompimiento legal y constitucional.
Apela al 39 constitucional, donde se prescribe que el
pueblo puede darse la forma de gobierno que desee, para sustentar su
convocatoria a la “convención nacional democrática”.
Nadie elegirá a los delegados de dicha convención,
simplemente es el reagrupamiento de los grupos tan heterogéneos que formaron la
coalición. Y agrupará a muchos radicales.
Este tipo de reuniones suelen dominarlas los
radicales, por lo que dicha convención puede terminar, arrastrada por el
discurso, por las circunstancias, en un arrebato que designe a López Obrador
como el legítimo Presidente de México.
Si así ocurre, López Obrador habrá llevado al país a
un callejón sin salida, a uno de esos callejones de los que no salen los
pueblos sin pagar un costo sangriento.
FELIPE
CALDERÓN HINOJOSA
Es probable, como se ha dicho, que Felipe Calderón sea
declarado Presidente Electo de México por el Tribunal Federal Electoral.
Cuando eso ocurra, empezará para Calderón la verdadera
jornada, una jornada que exigirá de mucho talento y eficacia política para
enfrentar a una coalición que, si sigue como va, será cada vez más provocadora.
Calderón tiene que confiar en que el Presidente Fox
será muy responsable e intentará resolver muchos de los actuales pendientes.
Quizá la primera proclama de Felipe Calderón tendría
que ser una cruzada, así, una cruzada contra la pobreza y el desempleo, con
propuestas muy concretas, muy claras.
Ya lo dijo en Guadalajara, “rebasaremos a nuestros
adversarios por la izquierda”.
Y eso sólo puede hacerse con un programa social contra
la pobreza y el desempleo muy sólido, con más alcances y más profundidad que
los actuales.