Cambio de Guardia - 09/Jul/06
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 Cambio de Guardia 2006

Por: José Fonseca

 

9 de Julio de 2006

 

La campaña no ha terminado con las elecciones. Las impugnaciones al resultado que ha hecho tan vehementemente Andrés Manuel López Obrador recrearán la confrontación desagradable que caracterizó las campañas de los candidatos del PAN y del PRD.

Faltan siete semanas y media para que venza el plazo con que cuenta el Tribunal Federal Electoral para resolver todas las impugnaciones que le sean presentadas sobre las elecciones del pasado 2 de julio.

Serán semanas muy tensas.

Aunque no es lo deseable, la agenda del debate de esas semanas la ha fijado López Obrador, quien ya construyó el discurso de “elecciones fraudulentas”.

En este espacio cibernético se ha defendido el derecho que tiene el señor López Obrador a impugnar el resultado electoral. Esa impugnación está contemplada en la ley. Y para eso existe el Tribunal Federal Electoral.

Se ha defendido también en este espacio cibernético el derecho de movilizar a sus seguidores para protestar por lo que considera un resultado electoral irregular.

Preocupa, sin embargo, el costo de las acciones del señor López Obrador.

Para empezar, la táctica seguida hasta ahora tiene entre sus ingredientes el desprestigio sistemático de las autoridades electorales, particularmente del Instituto Federal Electoral, cuyo debilitamiento, sin duda, puede significar el debilitamiento del entramado legal y jurídico construido para la democracia mexicana.

A ese indeseable efecto, se sumaría el desencanto de muchos ciudadanos, millones de ciudadanos, a quienes no les gusta andar en marchas ni manifestaciones, podrían empezarse a preguntar qué caso tiene acudir a votar, si al fin y al cabo los partidos consiguen echar abajo la sumatoria de los votos de todos con recursos legales.

Las movilizaciones, legítimas, insistimos, pueden tener como efecto que, lo que ahora son multitudes, se reduzca a pequeños grupos de manifestantes, porque la gente se cansa, tiene sus propias ocupaciones, o de plano se desilusiona. Eso dejaría en las movilizaciones a los más radicales, y por ende más propensos a la violencia.

El señor López Obrador tiene que asegurarse que no haya actos violentos, porque debilitarían a su causa.

El control férreo que tiene del PRD y los grupos afines le permitió llegar hasta donde ha llegado: a que por primera vez la izquierda mexicana esté tan cerca de la Presidencia.

Ese control férreo debe emplearlo para mantener pacíficas todas las manifestaciones de protesta. No debe olvidar que muchos que no son de izquierda votaron por él, y le dejarán si hay violencia. No podrá culpar a nadie más de la violencia, ni a los provocadores, porque el riesgo de los provocadores se corre siempre que se saca la gente a la calle. Y el señor López Obrador ha sacado la gente a la calle.

Por otro lado, Felipe Calderón tiene que esperar a que el Tribunal Federal Electoral lo declare Presidente Electo.

Hace bien en comportarse como lo que es hasta ahora: el ganador de la elección, pero tiene que ser muy prudente, porque el triunfalismo, se ha dicho aquí, es peligroso.

Hay victorias que, si no se tiene cuidado, pueden traer en ellas la semilla de futuras derrotas.

Así pues, el señor Calderón tiene que hacer que el panismo mantenga la actitud conciliadora que él ha tenido.

Tiene que evitar que haya exabruptos clasistas, porque los exabruptos clasistas desprestigian su figura política.

Y tiene que empezar a tener un comportamiento distinto, aunque sea por imagen, aunque tenga que esperar.

Debe recordar a los suyos que no tienen un mandato, porque éste sólo se tiene cuando votó por una fuerza política la mayoría de los ciudadanos. No es el caso.

Debe reunificarlos en torno suyo, conseguir que todos los que votaron por él le sigan apoyando, porque necesitará el apoyo para la confrontación con López Obrador.

Quizá ahora sí funcione la propaganda de contraste, mostrándose prudente, sereno, conciliador, a diferencia de sus adversarios.

Tiene que armar una campaña mediática mejor que la que ha puesto en marcha.

Hasta ahora, hay que insistir, la campaña mediática la va ganando el PRD.

No puede depender tanto de la operación política del gobierno de Fox, la cual, por otra parte, no suele ser de lo más eficaz.

Tiene que armar su propio equipo de propaganda, porque de aquí al 31 de agosto, la batalla no sólo se librará en el Tribunal Federal Electoral, se librará fundamentalmente en los medios.

 

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