A tres semanas de las elecciones presidenciales,
prevalece la incertidumbre.
No hay ganador seguro.
Nadie lleva una ventaja definitiva, al menos no tan
definitiva como para que pueda resistir a los votantes indecisos, a esos seis u
ocho millones de electores que determinan por quién votar el día de la
elección, a veces en la fila de la casilla y, a veces, hasta que tienen la
boleta electoral a la vista,
A esos votantes tendrían que apelar los candidatos
presidenciales, sus discursos tendrían que ser dirigidos a ese segmento de
electorado.
Pues, al fin y al cabo, los que ya decidieron votar
por algún candidato presidencial, difícilmente cambiarán de opinión.
Tendrían los candidatos que concentrarse en los
votantes indecisos.
Después de todo, esos seis u ocho millones de votantes
son los que decidirán quién será el próximo Presidente de México.
ANDRÉS
MANUEL LÓPEZ OBRADOR
La ofensiva arrolladora contra Felipe Calderón viene a
ser el reconocimiento de que la famosa ventaja de 10 puntos es sólo un discurso
de campaña.
La competencia está tan cerrada que lanzó López
Obrador una ofensiva para descalificar al panista.
Ha retomado la iniciativa López Obrador. Fijó la
agenda de la discusión de campaña durante esta semana.
Habrá que esperar si la potencia de la ofensiva
perredista aguanta las tres semanas que faltan para las elecciones. Habrá que
esperar para averiguar si valió la pena correr el riesgo de utilizar
información fiscal confidencial en manos del gobierno del DF, pues esa
utilización le da armas a quienes acusan al perredismo de quebrantar las leyes
cuando en ello saca ventaja.
Sobre todo, habrá que averiguar el efecto que tenga
entre el electorado.
Ya queda poco tiempo para averiguarlo.
FELIPE
CALDERÓN HINOJOSA
Durante la campaña, Calderón ha sido capaz de hacer
ajustes en su equipo y en su estrategia. Luego de que corrigió, se convirtió en
un competidor auténtico para un López Obrador que mantuvo amplia ventaja
durante tantos meses.
Ahora, a tan poco tiempo de las elecciones, ha sido el
blanco de una ofensiva durísima del PRD.
Y su equipo no ha reaccionado con la presteza y
certeza de otras ocasiones.
Han sido aturdidos por lo estentóreo y profuso de la
campaña perredista.
De pronto olvidaron sus propias elecciones: hay que
operar sobre las emociones, no sobre la razón.
Y, al menos, durante la semana que terminó, al panismo
lo mantuvieron contra las cuerdas, sólo cubriéndose.
ROBERTO
MADRAZO PINTADO
Ante una estrategia que opera para descalificarlo
desde ahora como contendiente serio, el candidato priísta ha decidido irse con
su propia campaña. Tiene la ventaja de que, al descartarlo, ya nadie lo ataca.
Se ha concentrado en movilizar al electorado priísta
de las principales ciudades de la República.
Curiosamente, es el único candidato cuya propaganda se
dirige al electorado indeciso.
Es una apuesta, menos riesgosa de lo que muchos creen,
porque un priísmo con una representación importante en el Congreso, aunque no
ganara la Presidencia de la República, se convertirá en factor importante de
decisiones.
Una representación como la actual en el Congreso, le
daría al PRI la llave de la gobernabilidad del próximo régimen.
Claro, eso si, antes de que se integre el próximo
Congreso, el ganador de la Presidencia no atrae a los diputados y senadores
priístas, algunos de los cuales no tienen lealtades muy sólidas.