Los sucesos de Atenco, la violencia y los subsecuentes
abusos policíacos y la detención de los cabecillas de “los macheteros” de
Atenco, irrumpieron en las campañas presidenciales, y los candidatos
presidenciales intentaron sacar ventaja, con excepción del candidato
presidencial del PRD, quien tuvo que ponerse a la defensiva.
Aunque en este espacio hemos sostenido que fue un
error insertar el tema Atenco en la campaña, al final de cuentas el manejo
mediático del asunto hizo imposible evadirlo.
No obstante, esta elección presidencial, dado el
estado social, económico y político del país, es trascendente.
Es la primera elección luego de la alternancia del
poder.
Es la primera elección en la cual un Presidente en
turno se convierte en un actor más de la campaña, en lugar de árbitro
imparcial.
Es una elección que pondrá a prueba a las
instituciones que resultaron de la reforma política de 1996, con el ingrediente
adicional de que en dichas instituciones parece haber un irrefrenable deseo
para legitimarse.
La situación internacional es muy volátil, lo cual
permite suponer que la elección, como lo ha dicho algún candidato, decidirá el
futuro para cuando menos los siguientes dos sexenios.
Sólo por esas circunstancias debiera decirse a la
sociedad que Atenco es una anomalía, no importa desde que punto de vista se
analice.
Es un abuso de lenguaje que la propaganda insiste en
comparar Atenco con las incursiones bélicas en Irak.
Y es una barbaridad que algunos califiquen a los
“macheteros” y sus aliados como insurgentes que luchan contra un gobierno
opresor.
Primero, porque el gobierno de Fox, con todos sus
errores, no es un gobierno represor.
Segundo, porque el sistema político actual, a pesar de
sus deficiencias, es esencialmente democrático; perfectible, pero democrático.
Tercero, porque existen todas las condiciones
políticas y sociales para que la sociedad escoja en elecciones razonablemente
limpias a quiénes quiere que lo gobiernen.
Pasemos a los candidatos:
ANDRÉS
MANUEL LÓPEZ OBRADOR
A pesar de asegurar que seguiría con su campaña “a ras
de tierra”, es evidente que Andrés Manuel López Obrador ha optado por reforzar
al máximo su campaña en los medios de comunicación, con spots del gobierno del DF que defienden su gestión, con spots que proclaman su liderazgo, y con
innumerables entrevistas en radio y televisión.
El cambio de estilo de campaña obedece, sin duda, a
que ha sido puesto a la defensiva, no sólo por las campañas en contra suya,
sino por los sucesos mismos de Atenco.
No obstante, no ha sido lo suficientemente enérgico en
atacar a sus adversarios.
Algunos sugieren que espera al debate del 6 de junio
para mostrar sus armas ofensivas.
Podría ser; pero también podría ser demasiado tarde.
Si no ablanda a sus adversarios antes del debate,
podría encontrarse otra vez a la defensiva.
Cuando menos por dos semanas, su gran problema será controlar
a los grupos perredistas que no han resistido la tentación de apoyar
públicamente a los “macheteros” de Atenco y al “subcomandante Marcos”, pues con
ello están reforzando los argumentos panistas y priístas de que todo es una
maniobra orquestada por el PRD y ensayo general para reventar el proceso
electoral.
Tiene que ser más enérgico al rechazar la violencia,
pues lo más claro que ha dicho es que “cree en la vía electoral para lograr el
cambio que necesita el país”.
No basta.
FELIPE
CALDERÓN HINOJOSA
La campaña de Felipe Calderón refleja el éxito de los
ajustes hechos hace dos meses.
Hay una cierta euforia y es innegable que todo el peso
del gobierno de Fox, por primera vez desde el 19 de enero, está ahora
respaldando la campaña del candidato presidencial panista.
Mantiene la ventaja, escasa, pero ventaja al fin. Y
notable, por cierto, pues empezó muy atrás en las encuestas, aún batallando
para ser reconocido por los electores.
No obstante, está en un momento delicado.
Las circunstancias favorables pueden llevar a cometer
errores.
Sobre todo, por ejemplo, es el momento de ser más
riguroso en la recaudación de fondos, para evitarse escándalos que podrían
hacer que la elección fuera impugnada por presuntos delitos electorales.
Respecto al proceso electoral, Felipe Calderón ha
cometido el error de cuestionar el proceso electoral en Estados gobernados por
priístas, abriéndose a la posibilidad de que el PRI impugne el proceso en los
Estados gobernados por panistas.
Es un error que, a 49 días de las elecciones, un
candidato presidencial empiece a cuestionar la limpieza del proceso electoral,
un proceso electoral que se conduce bajo las mismas reglas que permitieron a su
partido obtener la Presidencia.
Y más grave el error cuando pone en duda la integridad
de las autoridades electorales, con lo cual abona al discurso perredista. Y
pone en el terreno de la duda su eventual elección.
ROBERTO
MADRAZO PINTADO
La semana que termina tuvo sus tropiezos, el mayor la
presunta intoxicación del candidato presidencial del PRI, que obligó a su
internación hospitalaria por varias horas.
Empieza a aprovechar su ubicación en el tercer lugar
de las encuestas, pues ha pasado a situarse fuera del radar de los ataques de
sus adversarios, quienes se han concentrado en atacarse mutuamente.
Eso le permite situarse en el centro, hacer llamados a
la prudencia, recordarle a la población que la violencia verbal es muy
peligrosa y preludio de la violencia física.
No obstante, permanece rezagado. Le apuesta todo a que
el instinto de supervivencia hará que el priísmo se reagrupe, especialmente
cuando ya se acabó el reparto de candidaturas. Le apuesta a la fuerza de la
estructura del partido.
Pronto se verán los efectos del cambio de su jefe de
propaganda, pues Carlos Alazraki es un avezado publicista, con una enorme
capacidad de análisis de los puntos vulnerables de sus adversarios y una
singular sagacidad para resaltar las ventajas de su candidato.
Alazraki, la final integración del equipo de trabajo y
las negociaciones con los gobernadores priístas, son la apuesta final de
Madrazo.
Como ningún candidato, para el candidato presidencial
del PRI estará en juego todo en el debate del próximo 6 de junio.
En él se juega la posibilidad de consolidar el voto
priísta y conseguir los cinco millones de votos que le faltarían para ganar.
Una apuesta dudosa, a long shot, que dicen los norteamericanos.