Cambio de Guardia 14/May/06
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 Cambio de Guardia 2006

Por: José Fonseca

 

14 de mayo de 2006

 

Los sucesos de Atenco, la violencia y los subsecuentes abusos policíacos y la detención de los cabecillas de “los macheteros” de Atenco, irrumpieron en las campañas presidenciales, y los candidatos presidenciales intentaron sacar ventaja, con excepción del candidato presidencial del PRD, quien tuvo que ponerse a la defensiva.

Aunque en este espacio hemos sostenido que fue un error insertar el tema Atenco en la campaña, al final de cuentas el manejo mediático del asunto hizo imposible evadirlo.

No obstante, esta elección presidencial, dado el estado social, económico y político del país, es trascendente.

Es la primera elección luego de la alternancia del poder.

Es la primera elección en la cual un Presidente en turno se convierte en un actor más de la campaña, en lugar de árbitro imparcial.

Es una elección que pondrá a prueba a las instituciones que resultaron de la reforma política de 1996, con el ingrediente adicional de que en dichas instituciones parece haber un irrefrenable deseo para legitimarse.

La situación internacional es muy volátil, lo cual permite suponer que la elección, como lo ha dicho algún candidato, decidirá el futuro para cuando menos los siguientes dos sexenios.

Sólo por esas circunstancias debiera decirse a la sociedad que Atenco es una anomalía, no importa desde que punto de vista se analice.

Es un abuso de lenguaje que la propaganda insiste en comparar Atenco con las incursiones bélicas en Irak.

Y es una barbaridad que algunos califiquen a los “macheteros” y sus aliados como insurgentes que luchan contra un gobierno opresor.

Primero, porque el gobierno de Fox, con todos sus errores, no es un gobierno represor.

Segundo, porque el sistema político actual, a pesar de sus deficiencias, es esencialmente democrático; perfectible, pero democrático.

Tercero, porque existen todas las condiciones políticas y sociales para que la sociedad escoja en elecciones razonablemente limpias a quiénes quiere que lo gobiernen.

Pasemos a los candidatos:

 

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR

 

A pesar de asegurar que seguiría con su campaña “a ras de tierra”, es evidente que Andrés Manuel López Obrador ha optado por reforzar al máximo su campaña en los medios de comunicación, con spots del gobierno del DF que defienden su gestión, con spots que proclaman su liderazgo, y con innumerables entrevistas en radio y televisión.

El cambio de estilo de campaña obedece, sin duda, a que ha sido puesto a la defensiva, no sólo por las campañas en contra suya, sino por los sucesos mismos de Atenco.

No obstante, no ha sido lo suficientemente enérgico en atacar a sus adversarios.

Algunos sugieren que espera al debate del 6 de junio para mostrar sus armas ofensivas.

Podría ser; pero también podría ser demasiado tarde.

Si no ablanda a sus adversarios antes del debate, podría encontrarse otra vez a la defensiva.

Cuando menos por dos semanas, su gran problema será controlar a los grupos perredistas que no han resistido la tentación de apoyar públicamente a los “macheteros” de Atenco y al “subcomandante Marcos”, pues con ello están reforzando los argumentos panistas y priístas de que todo es una maniobra orquestada por el PRD y ensayo general para reventar el proceso electoral.

Tiene que ser más enérgico al rechazar la violencia, pues lo más claro que ha dicho es que “cree en la vía electoral para lograr el cambio que necesita el país”.

No basta.

 

FELIPE CALDERÓN HINOJOSA

 

La campaña de Felipe Calderón refleja el éxito de los ajustes hechos hace dos meses.

Hay una cierta euforia y es innegable que todo el peso del gobierno de Fox, por primera vez desde el 19 de enero, está ahora respaldando la campaña del candidato presidencial panista.

Mantiene la ventaja, escasa, pero ventaja al fin. Y notable, por cierto, pues empezó muy atrás en las encuestas, aún batallando para ser reconocido por los electores.

No obstante, está en un momento delicado.

Las circunstancias favorables pueden llevar a cometer errores.

Sobre todo, por ejemplo, es el momento de ser más riguroso en la recaudación de fondos, para evitarse escándalos que podrían hacer que la elección fuera impugnada por presuntos delitos electorales.

Respecto al proceso electoral, Felipe Calderón ha cometido el error de cuestionar el proceso electoral en Estados gobernados por priístas, abriéndose a la posibilidad de que el PRI impugne el proceso en los Estados gobernados por panistas.

Es un error que, a 49 días de las elecciones, un candidato presidencial empiece a cuestionar la limpieza del proceso electoral, un proceso electoral que se conduce bajo las mismas reglas que permitieron a su partido obtener la Presidencia.

Y más grave el error cuando pone en duda la integridad de las autoridades electorales, con lo cual abona al discurso perredista. Y pone en el terreno de la duda su eventual elección.

 

ROBERTO MADRAZO PINTADO

 

La semana que termina tuvo sus tropiezos, el mayor la presunta intoxicación del candidato presidencial del PRI, que obligó a su internación hospitalaria por varias horas.

Empieza a aprovechar su ubicación en el tercer lugar de las encuestas, pues ha pasado a situarse fuera del radar de los ataques de sus adversarios, quienes se han concentrado en atacarse mutuamente.

Eso le permite situarse en el centro, hacer llamados a la prudencia, recordarle a la población que la violencia verbal es muy peligrosa y preludio de la violencia física.

No obstante, permanece rezagado. Le apuesta todo a que el instinto de supervivencia hará que el priísmo se reagrupe, especialmente cuando ya se acabó el reparto de candidaturas. Le apuesta a la fuerza de la estructura del partido.

Pronto se verán los efectos del cambio de su jefe de propaganda, pues Carlos Alazraki es un avezado publicista, con una enorme capacidad de análisis de los puntos vulnerables de sus adversarios y una singular sagacidad para resaltar las ventajas de su candidato.

Alazraki, la final integración del equipo de trabajo y las negociaciones con los gobernadores priístas, son la apuesta final de Madrazo.

Como ningún candidato, para el candidato presidencial del PRI estará en juego todo en el debate del próximo 6 de junio.

En él se juega la posibilidad de consolidar el voto priísta y conseguir los cinco millones de votos que le faltarían para ganar.

Una apuesta dudosa, a long shot, que dicen los norteamericanos.

 

 

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