El debate entre cuatro candidatos presidenciales y lo
que llaman el posdebate ha tenido la virtud de alterar la ecuación de esta
elección.
La bien calculada publicación de dos encuestas, que
muestran a López Obrador y a Felipe Calderón casi empatados, influyó en el
comportamiento de los participantes en el debate.
La conclusión de la mayoría de los analistas y
comentaristas del buen desempeño del candidato presidencial panista en el
debate del martes 25 de abril ha significado un vuelco en las expectativas.
Y, sin duda plantea, al menos para mayo, un panorama
muy distinto al de hace mes y medio.
ANDRÉS
MANUEL LÓPEZ OBRADOR
Como se previó, su ausencia del debate dañó a su
estrategia de campaña.
Y, como se ha comentado en este espacio, esa
circunstancia, sumada a las encuestas que muestran una tendencia a la baja del
candidato presidencial del PRD, ha provocado una discusión muy intensa en el equipo
de campaña, pero se ha impuesto la convicción de López Obrador de que las
tácticas empleadas para enfrentar el desafuero serán igualmente exitosas en la
campaña presidencial.
Sin embargo, el discurso de López Obrador ha sido
asombrosamente errático, algo inusual en un político con ideas muy claras sobre
lo qué quiere y cómo lograrlo.
Tan pronto mantiene inexplicable silencio, como lanza
dardos contra sus adversarios. Ahora se queja de los medios y lanza acusaciones
en contra de todos, y luego rectifica con precisiones poco convincentes.
Desde las primeras entregas de “Cambio de Guardia
2006” se advirtió a nuestros lectores cibernéticos que el tipo de mando
centralizado que ejerce López Obrador sobre la campaña, y su tendencia a no
delegar, podrían ocasionarle problemas.
Por ahora tiene esos problemas.
Y hasta hoy parece que no ha decidido hacer las
correcciones necesarias, antes que sea tarde.
FELIPE
CALDERÓN HINOJOSA
Calderón está eufórico, después de que la mayoría de
los analistas y comentaristas le declararon el triunfador del primer debate
presidencial.
Debe reconocerse que ha corregido errores en su
campaña. Lo ha hecho con oportunidad, como lo muestran los spots manejados
inmediatamente después del debate.
Sus encuestas focalizadas les han mostrado los puntos
débiles de sus adversarios y sobre ellos opera.
Sus apariciones públicas de la semana lo muestran con
mucha confianza en sí mismo, pero también peligrosamente eufórico.
Es natural que un candidato intente convencer a sus
seguidores de que su candidatura no sólo va bien, sino que va a ganar, para así
atraer votantes, y sobre el voto útil de los sin partido y los indecisos.
Sin embargo, si el triunfalismo empieza a transmitir
el mensaje de “ya ganamos” y ese mensaje se transmite cuando no se pide el
voto, el efecto puede revertirse.
Ahí está el claro ejemplo del triunfalismo en que se
movió desde el arranque de la campaña Andrés Manuel López Obrador. Los llevó a
cometer errores.
Y el peor error de Calderón sería alentar el
abstencionismo con el “ya ganamos”.
ROBERTO
MADRAZO PINTADO
Los comentarios le han sido adversos, porque se
comportó nervioso, a veces desconcertado durante el debate del pasado martes 25
de abril.
Y, como corolario, se le siguen cobrando los errores
de terceros, lo cual le crea mayores presiones a sus campañas.
Tiene la ventaja de que el PRI es el que tiene el
mayor número de votantes fieles, pero no los suficientes para ganar. Él mismo
lo reconoció cuando dijo que con el voto duro solamente no se gana la
Presidencia.
Y ha cometido el error táctico de empezar a
cuestionar, de alguna manera, la legalidad de los comicios con las recientes
declaraciones y advertencias de que el gobierno del presidente Fox prepara una
elección de Estado. No impresiona que utilice el mismo lenguaje que durante
tantos años utilizaron los adversarios del PRI.
Ese lenguaje apela solamente al priísmo.
El empleo del discurso agresivo, negativo, se entiende
como el esfuerzo de demostrar a los electores de que no sólo tienen que decidir
entre el PAN y el PRD.
Pero no debe abusar, porque causaba mejor impresión
cuando procuraba mantenerse por encima de las tretas sucias.
Es justificado que se defienda de los ataques, pero
debe hacerlo de manera que siga apareciendo como un hombre capaz de absorber la
crítica con tolerancia.
PATRICIA
MERCADO CASTRO
Lo de la popularidad e impacto de Patricia Mercado
después del debate no es sino una burbuja que se habrá diluido para el día de
la elección.
Su condición de única mujer en la carrera por la
Presidencia le da cierta relevancia. Y en el debate resaltó su estilo
refrescante, por más que, bien visto, su discurso estuvo lleno de lugares
comunes, nada nuevo.
El fenómeno de la señora Mercado corre el riesgo de
repetir lo ocurrido a Gilberto Rincón Gallardo hace seis años. La opinión
mayoritaria era que es un político, serio, respetable.
Pero el día de la elección pocos le dieron su voto.
Así puede ocurrirle a la señora Mercado. Sobre todo si
mantiene su discurso radical, si ese discurso no se mueve más hacia el centro.
Porque muchas de sus posiciones son minoritarias aún
en la izquierda a la que dice representar.
ROBERTO
CAMPA CIFRIAN
El debate también sirvió para proyectar su imagen.
Desafortunadamente, el rol que se le asignó de golpeador en el debate causó
desilusión entre muchos que le consideraban opción.
Tiene que esperarse al próximo debate presidencial, el
del 6 de junio, para mostrarse como opción. A sabiendas de que no va a ganar la
Presidencia, puede manejar mejor discurso que el del día del debate, pues sólo
así ganará la ratificación del registro del Partido Nueva Alianza.