Cambio de Guardia 30/Abr/06
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 Cambio de Guardia 2006

Por: José Fonseca

 

30 de Abril  de 2006

 

El debate entre cuatro candidatos presidenciales y lo que llaman el posdebate ha tenido la virtud de alterar la ecuación de esta elección.

La bien calculada publicación de dos encuestas, que muestran a López Obrador y a Felipe Calderón casi empatados, influyó en el comportamiento de los participantes en el debate.

La conclusión de la mayoría de los analistas y comentaristas del buen desempeño del candidato presidencial panista en el debate del martes 25 de abril ha significado un vuelco en las expectativas.

Y, sin duda plantea, al menos para mayo, un panorama muy distinto al de hace mes y medio.

 

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR

 

Como se previó, su ausencia del debate dañó a su estrategia de campaña.

Y, como se ha comentado en este espacio, esa circunstancia, sumada a las encuestas que muestran una tendencia a la baja del candidato presidencial del PRD, ha provocado una discusión muy intensa en el equipo de campaña, pero se ha impuesto la convicción de López Obrador de que las tácticas empleadas para enfrentar el desafuero serán igualmente exitosas en la campaña presidencial.

Sin embargo, el discurso de López Obrador ha sido asombrosamente errático, algo inusual en un político con ideas muy claras sobre lo qué quiere y cómo lograrlo.

Tan pronto mantiene inexplicable silencio, como lanza dardos contra sus adversarios. Ahora se queja de los medios y lanza acusaciones en contra de todos, y luego rectifica con precisiones poco convincentes.

Desde las primeras entregas de “Cambio de Guardia 2006” se advirtió a nuestros lectores cibernéticos que el tipo de mando centralizado que ejerce López Obrador sobre la campaña, y su tendencia a no delegar, podrían ocasionarle problemas.

Por ahora tiene esos problemas.

Y hasta hoy parece que no ha decidido hacer las correcciones necesarias, antes que sea tarde.

 

FELIPE CALDERÓN HINOJOSA

 

Calderón está eufórico, después de que la mayoría de los analistas y comentaristas le declararon el triunfador del primer debate presidencial.

Debe reconocerse que ha corregido errores en su campaña. Lo ha hecho con oportunidad, como lo muestran los spots manejados inmediatamente después del debate.

Sus encuestas focalizadas les han mostrado los puntos débiles de sus adversarios y sobre ellos opera.

Sus apariciones públicas de la semana lo muestran con mucha confianza en sí mismo, pero también peligrosamente eufórico.

Es natural que un candidato intente convencer a sus seguidores de que su candidatura no sólo va bien, sino que va a ganar, para así atraer votantes, y sobre el voto útil de los sin partido y los indecisos.

Sin embargo, si el triunfalismo empieza a transmitir el mensaje de “ya ganamos” y ese mensaje se transmite cuando no se pide el voto, el efecto puede revertirse.

Ahí está el claro ejemplo del triunfalismo en que se movió desde el arranque de la campaña Andrés Manuel López Obrador. Los llevó a cometer errores.

Y el peor error de Calderón sería alentar el abstencionismo con el “ya ganamos”.

 

ROBERTO MADRAZO PINTADO

 

Los comentarios le han sido adversos, porque se comportó nervioso, a veces desconcertado durante el debate del pasado martes 25 de abril.

Y, como corolario, se le siguen cobrando los errores de terceros, lo cual le crea mayores presiones a sus campañas.

Tiene la ventaja de que el PRI es el que tiene el mayor número de votantes fieles, pero no los suficientes para ganar. Él mismo lo reconoció cuando dijo que con el voto duro solamente no se gana la Presidencia.

Y ha cometido el error táctico de empezar a cuestionar, de alguna manera, la legalidad de los comicios con las recientes declaraciones y advertencias de que el gobierno del presidente Fox prepara una elección de Estado. No impresiona que utilice el mismo lenguaje que durante tantos años utilizaron los adversarios del PRI.

Ese lenguaje apela solamente al priísmo.

El empleo del discurso agresivo, negativo, se entiende como el esfuerzo de demostrar a los electores de que no sólo tienen que decidir entre el PAN y el PRD.

Pero no debe abusar, porque causaba mejor impresión cuando procuraba mantenerse por encima de las tretas sucias.

Es justificado que se defienda de los ataques, pero debe hacerlo de manera que siga apareciendo como un hombre capaz de absorber la crítica con tolerancia.

 

PATRICIA MERCADO CASTRO

 

Lo de la popularidad e impacto de Patricia Mercado después del debate no es sino una burbuja que se habrá diluido para el día de la elección.

Su condición de única mujer en la carrera por la Presidencia le da cierta relevancia. Y en el debate resaltó su estilo refrescante, por más que, bien visto, su discurso estuvo lleno de lugares comunes, nada nuevo.

El fenómeno de la señora Mercado corre el riesgo de repetir lo ocurrido a Gilberto Rincón Gallardo hace seis años. La opinión mayoritaria era que es un político, serio, respetable.

Pero el día de la elección pocos le dieron su voto.

Así puede ocurrirle a la señora Mercado. Sobre todo si mantiene su discurso radical, si ese discurso no se mueve más hacia el centro.

Porque muchas de sus posiciones son minoritarias aún en la izquierda a la que dice representar.

 

ROBERTO CAMPA CIFRIAN

 

El debate también sirvió para proyectar su imagen. Desafortunadamente, el rol que se le asignó de golpeador en el debate causó desilusión entre muchos que le consideraban opción.

Tiene que esperarse al próximo debate presidencial, el del 6 de junio, para mostrarse como opción. A sabiendas de que no va a ganar la Presidencia, puede manejar mejor discurso que el del día del debate, pues sólo así ganará la ratificación del registro del Partido Nueva Alianza.

 

 

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