Han transcurrido seis semanas de campaña de los
candidatos a la Presidencia y, cada uno en su circunstancia, ha intentado
captar votos fuera del estrecho límite de sus partidos, pues saben que sólo así
podrán ganar.
Al menos los candidatos presidenciales de los tres
partidos más grandes tienen la dificultad de superar el obstáculo que
representa la designación de candidatos a senadores y diputados.
Los tres han tenido que enfrentar fuertes
confrontaciones internas, algunas más visibles que otras, las cuales, aunque
normales, en esta ocasión son más escandalosas que otras.
Lo que ya es visible es el creciente reacomodo de
fuerzas políticas, económicas y sociales que constituyen la parte fundamental
del cambio sufrido por la Nación.
De cómo queden alineadas esas fuerzas dependerá, no
sólo el respaldo que obtenga el próximo Presidente de la República, sino
también la eventual gobernabilidad durante el próximo sexenio.
ANDRÉS
MANUEL LÓPEZ OBRADOR
Explicablemente es el candidato más presionado. Como
en los últimos dos años, sigue a la cabeza de las encuestas de preferencias
electorales. Eso crea una presión singular, porque mantener la ventaja, en lo
que falta de la campaña, dependerá de su capacidad para mantener no sólo el
control del partido, sino el control de su temperamento.
Con mano firme ha logrado hacerse del control de la
estructura del PRD. Y, salvo algunas escaramuzas, ya nadie se atreve a hacerle
frente.
Ha sido lo suficientemente hábil para neutralizar a
Cuauhtémoc Cárdenas, sin confrontarse con él, pero sí nulificando su influencia
en el partido.
No obstante, el control es tan firme, y depende tanto
de él, solamente de él, que a menos que consolide a su equipo más cercano de
colaboradores - y delegue-, se expone a pagar el costo de los errores de ellos.
Está el ejemplo del caso de la designación de la
Secretaria de Desarrollo Social del gobierno del DF, Martha Pérez Bejarano. La
exaltación del Padre Miguel Concha estuvo a punto de echar a perder lo que se
suponía era una maniobra para que renunciara y luego se incorporara al equipo
de campaña. El anuncio prematuro estuvo cerca de provocar un escándalo. Se
controló la crisis con la renuncia al puesto en el gobierno del DF, pero ahí
queda el antecedente.
Esa presión empieza reflejarse en una cierta
intolerancia y en la irritada e impaciente ironía de su discurso, las cuales,
si no son controladas debidamente, pueden llevarlo a un estallido público de
ira. Ese sería un error mayor.
Y a 16 semanas de las elecciones ya no puede darse el
lujo de cometer ni uno sólo.
FELIPE
CALDERÓN HINOJOSA
Quien también empieza a impacientarse es Felipe
Calderón.
Enfrenta no sólo el inevitable reajuste de un equipo
de campaña inicial que, si bien le permitió ganar la candidatura, se ha
mostrado con demasiadas limitaciones para enfrentar una campaña presidencial.
Desde el principio se expresó en este espacio cierta
reserva sobre su temperamento. “Es de mecha corta”, escribimos.
Debe controlarlo, no como dicen algunos críticos,
callando ante los provocadores que buscan explotar su proclividad a los
estallidos de ira. No, debe controlarlo para manejar esas explosiones de
carácter selectivamente, utilizarlas, si se quiere, hasta como arma de su
campaña, como ejemplo de firmeza de carácter.
Porque los provocadores del mitin de Amecameca apenas
fueron un tanteo. Vendrán otros.
Por lo demás, ya empieza a obtener el nivel de
conocimiento que requería su candidatura. Ahora hay que buscar los votos.
Tiene, sin embargo, dos problemas: la poca prudencia
presidencial que a veces lo perjudica, en lugar de beneficiarlo, y la congénita
torpeza de Manuel Espino, el dirigente nacional del PAN, empeñado en demostrar
que él aún dirige al partido.
Hay quienes creen que Espino sirve a otros intereses,
quizá de Los Pinos, empeñados en cobrarle a Calderón su distanciamiento del
caso de los hermanos Bribiesca.
Como sea, tiene el PAN que decirle a Espino que cuando
hay campaña por la Presidencia de la República el líder natural y reconocido de
un partido es el candidato, no el dirigente del partido.
Si llega a entenderlo, quizá la campaña de Calderón
adquiera el impulso que necesita.
ROBERTO
MADRAZO PINTADO
Es Madrazo el candidato con más retos. No sólo tiene
que remontar la desventaja actual en las encuestas, sino con el consenso de la
mayoría de los gobernadores, imponer una suerte de disciplina en el partido,
donde todos los que antes callaban ahora gritan y reclaman.
Al fin parece que ha reconocido que tiene que contar
con los gobernadores y busca la conciliación. Hasta Eduardo Bours le dio ya el
beneficio de la duda, aunque algunos, como el nayarita Ney González, se han
distanciado.
Se dijo en este espacio, no sólo en el PRI, sino en
todos los partidos, se vive la hora de las traiciones y las deslealtades,
aunque en el tricolor sean más visibles.
De cualquier forma en Toluca, durante la ceremonia de
celebración del 77 aniversario de la fundación del PRI, Madrazo, igual que
otros candidatos presidenciales del PRI, aprovechó la ceremonia para lanzar
formalmente no sólo su campaña, sino para estructurar un discurso.
Enfrenta, como se dijo, más retos que ninguno:
1.- La permanente tarea de desgaste de imagen que
promueven la profesora Elba Esther Gordillo y sus seguidores.
2.- Cierta proclividad en los medios de comunicación a
ser rigurosamente críticos y a juzgarlo, a veces con ligereza, a veces con
excesiva dureza.
3.- La credibilidad no es su rasgo más fuerte. Y aún
no se encuentra la forma de fortalecerla.
4.- Es el blanco de todos sus adversarios, porque al
ser el PRI quien tiene más estructura, se convierte, pese a todo, en el enemigo
a vencer.
5.- Tiene que evitar más confrontaciones, para que la
emigración hormiga del partido no se convierta en estampida.
Y, sobre todo, enfrenta Madrazo, igual que los otros
candidatos, su propia forma de ser.
Controlar el temperamento, mantener la serenidad y no
apresurarse es el desafío.
Si vence todos esos obstáculos para después de la
Semana Santa, podrían mejorar sus posibilidades.
ROBERTO
CAMPA CIFRIÁN
Administrando cuidadosamente sus recursos, se deja
entrevistar y participa diario en eventos, que no en concentraciones, porque el
Partido Nueva Alianza no moviliza multitudes.
Poco a poco su rostro empieza a ser familiar a un
sector importante del electorado.
Su discurso es prudente, sensato, sin propuestas
espectaculares, procura que éstas sean de sentido común, nada más.
En corto, como son la mayoría de sus reuniones,
comunica bien y su personalidad es bien recibida por sus auditorios.
Es posible que lo subestimen las encuestas, pues si
mantiene el paso, podría tener más votos que los necesarios para que Nueva
Alianza mantenga el registro.
Y resultará una buena inversión para ese partido
magisterial.
PATRICIA
MERCADO CASTRO
La candidata presidencial de Alternativa mantiene un perfil
bajo, excesivamente bajo.
Su campaña ya acusa el desgaste y la presión a la que
la ha sometido el doctor Simi y sus cómplices encabezados por Ignacio Yris.
La magra estructura de su partido no está a su
disposición. De eso se ha encargado el doctor Simi, quien se ha prometido a sí
mismo que si él no fue candidato presidencial por Alternativa, Patricia Mercado
no conservará ni siquiera el registro.
Es una pelea desventajosa para la señora Mercado, pues
Víctor González Torres cuenta con millones de pesos para combatirla, además de
una estructura de “similares” que explota ya políticamente.
Su discurso ha retrocedido de nuevo a la apelación de
las minorías.
Y si no ocurre algo milagroso, como hace seis años, su
candidatura será un fracaso.